domingo, 4 de septiembre de 2011

Capítulo 3- Volviendo a empezar

Después de aquellos tiempos de llanto y lluvia todo fue muy difícil, difícil creer, difícil respirar, difícil vivir...

Sentía que el corazón tenia un boquete del tamaño del Mar Muerto y el día a día era tan pesado como caminar atada a un grillete, alguna vez deseé terminara este martirio, que terminara de tajo, de una manera poética o no tanto, un día simplemente no despertar ahogada en esta atmósfera de anhelo, saturada de dolor, hasta ese día.

En el viaje aquel en que conocí al ermitaño, también conocí a muchas más personas interesantes pero nublada por el sordo sufrimiento no fui capaz de percibirlas. Se llama Idelfonso y es periodista, de esas personas que siempre tienen la mente en todo y es encantadoramente despistado pero con un dejo de misterio. No se como me encontró si yo nunca deje ningún indicio de donde iba o de donde venía, pero supongo que es trabajo de un buen periodista encontrar personas, en especial a las que no se han encontrado a si mismas.

Idelfonso me propuso un a entrevista, interesado en lo que hago, la primera vez le di largas y no concluimos en nada, la segunda vez acordamos una fecha, pero por azares del destino tuvimos que cancelar. Sin darme cuenta el se fue incrustando en mi vida como una astilla de madera,hasta que se volvió parte del día con día; iniciando con una ida por café, salidas a comer hasta que un día por fin se concreto la tan anhelada cita de trabajo.

-Este es el lugar en donde yo laboro- dije haciendo un ademán con la mano señalando mi pequeño reino;-Por lo general trabajo todo el día, pero hoy me toca cubrir el turno nocturno, ¿te gustaría quedarte?; pregunte al tiempo que el estomago se me hacía un nudo; se me hicieron eternos los segundos en los que Idelfonso hizo una mueca y contestó solo asintiendo con la cabeza.

Le mostré todas las áreas, mientras él anotaba todo en una pequeña libreta color marrón, la noche transcurrió como de costumbre, entre idas y venidas, viendo que todo estuviera en orden, fue entonces cuando le propuse salir a tomar aire fresco y a fumar un cigarrillo...
-Bonita noche para compartir; dijo mientras exhalaba una bocanada de humo y acercaba su mano hasta la mía; por un momento pensé en quitarla, después fui yo quien la acerco más hasta que nuestros dedos quedaron entrelazados.

Por un momento nuestras miradas se cruzaron, mi corazón empezó a acelerarse al igual que mi respiración conforme nuestros rostros se acercaban para finalmente fundirse en un beso, ese beso que había pasado tantas veces en mi imaginación desde aquel primer café...

No hay comentarios:

Publicar un comentario